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La lectura en la China de Xi Jinping: entre la estética de redes y el control ideológico

 La lectura en la China de Xi Jinping: entre la estética de redes y el control ideológico

La biblioteca de Binhai, en Tianjin, se erige como una catedral de la modernidad. Con sus estanterías ondulantes que parecen fluir desde el techo, el recinto se ha convertido en el epicentro de la cultura digital para los jóvenes chinos, quienes acuden en masa para capturar la foto perfecta. Sin embargo, tras la fachada de conocimiento, la realidad es más compleja: gran parte de los libros son simulaciones fotográficas y los visitantes suelen estar más absortos en sus dispositivos móviles que en las páginas de papel.

Esta paradoja refleja el desafío actual del presidente Xi Jinping. Para el gobierno chino, la lectura no es solo un hábito intelectual, sino una cuestión de seguridad nacional y estabilidad ideológica. Desde 1949, el Partido Comunista de China (PCCh) ha transformado radicalmente el panorama educativo. Bajo el liderazgo de Mao Zedong —quien fuera asistente bibliotecario—, China pasó de un 20% de alfabetización a un 60% en 1976. Para este 2026, la tasa se ha consolidado en un virtual 100%, pero el objetivo ha mutado: ya no se trata solo de saber leer, sino de qué leer.

El actual enfoque estatal busca combatir la «superficialidad digital» y lo que Pekín denomina «entretenimiento vulgar». Xi ha instado a los ciudadanos a retomar los clásicos chinos y los textos que refuercen los valores socialistas, alejándolos de la influencia cultural occidental. En este contexto, bibliotecas como la de Binhai sirven como símbolos de estatus cultural, aunque el desafío persiste: transformar el consumo estético de espacios en un consumo real de pensamiento alineado con el proyecto nacional de «rejuvenecimiento de la nación».

Alisson Ayto

Alisson Ayto

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