Tipo de cambio
Cargando...

EL METRO ANTES QUE LA CIUDAD: La apuesta china que cuestiona el caosperuano

 EL METRO ANTES QUE LA CIUDAD: La apuesta china que cuestiona el caosperuano

En el urbanismo global existen dos filosofías contrapuestas: construir para la ciudad que existe o construir para la ciudad que vendrá. Occidente, y de manera acentuada el Perú, ha optado históricamente por la primera: una población se asienta, crece en la informalidad y, décadas después, el Estado intenta —entre trabas burocráticas y presupuestarias— llevar una red de transporte. China, por el contrario, ha invertido la lógica. Su estrategia de «infraestructura primero, ciudad después» utiliza el transporte como un imán de desarrollo, levantando estaciones en páramos desolados con una antelación de hasta 20 años.

El fenómeno Caojiawan: Del páramo al progreso

El caso de la estación de Caojiawan, en Chongqing, es el ejemplo más radical de esta visión. Inaugurada en 2015, la estación se hizo viral en 2018 por una imagen surrealista: una salida de metro moderna emergiendo entre la maleza y el lodo, sin una sola vivienda a kilómetros a la redonda. Durante años, fue calificada como una «estación fantasma», un monumento al desperdicio de recursos estatales.

Sin embargo, para este abril de 2026, la realidad le ha dado la razón al modelo de planificación anticipada. Lo que antes era un suburbio rural en Caijiagang hoy es el núcleo del distrito de Beibei, hogar de la Zona de Alta Tecnología de Chongqing y la Zona Piloto de Libre Comercio. La estación no se construyó para servir a una población existente, sino para crear la población. Al tener el transporte asegurado, los desarrolladores inmobiliarios y las empresas tecnológicas se volcaron a la zona, transformando el desierto verde en una metrópolis vertical en apenas ocho años.

La comparación con la realidad peruana es inevitable y dolorosa. En Lima y Callao, el enfoque es diametralmente opuesto: la infraestructura es reactiva. Proyectos emblemáticos como la Línea 2 del Metro de Lima son el reflejo de una gestión que llega décadas tarde. Mientras China construye estaciones 10 años antes de que aparezca el primer edificio, en el Perú se planifican líneas de metro para distritos que ya colapsaron por la densidad poblacional y el tráfico.

Esta estrategia reactiva genera un círculo vicioso de ineficiencia:

  1. Expropiaciones traumáticas: Al construir sobre ciudades ya consolidadas, el costo y tiempo de liberación de predios se dispara, paralizando obras por años.
  2. Incapacidad de carga: Cuando la obra finalmente se inaugura, la demanda ya ha superado la capacidad de diseño original.
  3. Desorden urbano: La falta de un eje de transporte previo fomenta el crecimiento informal, dificultando la futura integración de servicios básicos.

El riesgo de «construir a ciegas»

No obstante, el modelo chino no está exento de críticas. Construir infraestructura masiva con décadas de antelación conlleva el riesgo de las «ciudades fantasma» si la inversión privada no sigue al Estado. Es una apuesta de alto riesgo que requiere una espalda financiera estatal que el Perú no posee y una estabilidad política que permita planes a 20 años, algo que el sistema de Asociación Público-Privada (APP) peruano aún lucha por garantizar debido a la rotación ministerial y la inseguridad jurídica.

Sin embargo, el éxito de Chongqing y la transformación de Caojiawan dejan una lección clara para la agenda nacional de infraestructura 2026-2030: seguir parcheando el pasado solo garantiza el caos presente. La verdadera rentabilidad social no está en solucionar el tráfico de hoy, sino en diseñar los ejes donde la ciudad del futuro —ordenada, tecnológica y conectada— deba nacer.

Alisson Ayto

Alisson Ayto

Noticias Relacionadas