El desarrollo del capital chino en el Perú pone a prueba la capacidad de convivencia

 El desarrollo del capital chino en el Perú pone a prueba la capacidad de convivencia

Con el ascenso de la mina de cobre Las Bambas al primer lugar en producción de cobre del Perú en primer semestre de 2025, el capital chino se convirtió por primera vez —en términos estadísticos anuales— en la principal fuerza productora de cobre del país. Este hecho, por sí solo, ya merece un lugar en la historia minera peruana. Sin embargo, las percepciones sociales frente a este cambio no son unívocas: mientras algunos lo interpretan como una muestra de la capacidad del Perú para atraer inversión extranjera, otros expresan su preocupación por si la entrada del capital chino podría representar una amenaza potencial para el desarrollo nacional. En este punto, es válido decir que existen miradas diversas y opiniones encontradas.

Desde una perspectiva macroeconómica, la inversión china en la minería peruana no responde a una lógica especulativa de corto plazo, sino que corresponde a un modelo típico de inversión de largo aliento, intensiva en capital y profundamente integrada en el territorio. Tanto MMG, controlada por China Minmetals, como las inversiones sostenidas de Chinalco en el proyecto Toromocho, comparten rasgos claros: largos ciclos de inversión, enormes desembolsos en infraestructura y un impacto profundo —y en muchos casos irreversible— sobre la estructura económica local. Este tipo de inversiones no solo se refleja en el crecimiento de las cifras de exportación, sino también en su contribución fiscal, la generación de empleo, la mejora de los sistemas logísticos y el fortalecimiento integral de la infraestructura regional.

No obstante, es necesario reconocer que la minería nunca ha sido una industria que pueda evaluarse únicamente a través de cifras. Los territorios donde se asientan los proyectos mineros suelen ser espacios donde se entrelazan comunidades indígenas, zonas agrícolas y ganaderas, y ecosistemas frágiles. Precisamente por ello, la aceptación social de la inversión china en el Perú no depende tanto de la magnitud del capital invertido como de la capacidad real de comprender y respetar la estructura cultural y la lógica de gobernanza propias de la sociedad peruana.

En este sentido, los proyectos mineros de capital chino, representados por Las Bambas, no parten de una hoja en blanco. De hecho, el trabajo comunitario desarrollado por MMG en el Perú constituye una pieza clave dentro de su sistema global de gobernanza minera. En el proceso de implementación del proyecto, la empresa no ha tratado a las comunidades como simples “obstáculos” o “factores de resistencia”, sino que ha buscado integrarlas dentro de un marco de operación de largo plazo: mediante mecanismos de diálogo comunitario (mesas de diálogo), políticas de prioridad en la contratación local, programas de educación y capacitación técnica, así como inversiones conjuntas en carreteras, infraestructura hídrica y servicios públicos básicos, se ha ido construyendo gradualmente una estructura de interacción entre proyecto, comunidad y gobiernos locales.

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Cabe destacar especialmente que, en el entorno de Las Bambas, la empresa no ha aplicado de manera mecánica un único modelo de gestión, sino que ha mostrado cierta disposición a respetar y adaptarse a las tradiciones de toma de decisiones colectivas y a las formas culturales de expresión de las comunidades locales. Este enfoque, aunque implica mayores costos y un ritmo de avance más lento, constituye una condición indispensable para evitar conflictos estructurales y garantizar la estabilidad operativa a largo plazo.

Por supuesto, la inversión china en el Perú sigue enfrentando numerosos desafíos reales. La desconfianza social, los discursos políticos que recurren reiteradamente a la narrativa del “capital extranjero”, así como los conflictos sociales heredados de etapas anteriores, no desaparecen automáticamente con un cambio en los rankings de producción. Precisamente por ello, las empresas chinas deben mantener una conciencia clara: lo que verdaderamente determina el éxito o el fracaso no es la profundidad a la que yace el mineral bajo tierra, sino la profundidad con la que la empresa logra arraigarse en la sociedad.

El Perú no carece de recursos naturales; lo que necesita son socios capaces de convivir con su sociedad a largo plazo y de evolucionar juntamente con ella. Si el capital chino aspira a tener un recorrido más amplio y sostenible en el Perú, debe demostrar de manera continua —más allá de la eficiencia económica— un respeto genuino por la cultura peruana, la dignidad de las comunidades y la estructura social del país. Esto no es solo una responsabilidad empresarial, sino una forma de sabiduría estratégica de largo plazo.

El liderazgo de Las Bambas en producción es apenas un punto de partida. Que la inversión china deje en el Perú una huella histórica verdaderamente positiva y sostenible dependerá, en última instancia, de si logra comprender un hecho aparentemente simple pero con frecuencia ignorado: el desarrollo no consiste en sustituir, sino en convivir.

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Chengzun Pan

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