Desarrollo compartido de civilizaciones milenarias
Por Rubén Tang
El 21 de junio de 2024, el Congreso de la República del Perú, a través de la Ley N.° 32067, estableció el 1 de febrero como el Día de la Confraternidad Peruano-China. Esta fecha busca fortalecer la relación bilateral, que se sustenta en más de 175 años de inmigración china al país andino, y reconocer los lazos históricos, culturales, así como la contribución de la comunidad tusán al desarrollo del Perú en diversas disciplinas.
Esta celebración no solo constituye un reconocimiento oficial y protocolario, sino también un verdadero abrazo entre dos pueblos cuyos destinos se entrelazaron hace siglos. La fecha conmemora no solamente la formalización de las relaciones diplomáticas en 1971 y, al mismo tiempo, los profundos lazos humanos que se forjaron cuando los primeros inmigrantes chinos llegaron a las costas peruanas a mediados del siglo XIX, trayendo tradiciones, sabores y un espíritu emprendedor que transformarían para siempre la sociedad peruana.

En ese sentido, la realización del Censo Nacional de 2025 constituyó un hito histórico para la comunidad tusán (descendientes de chinos), ya que, por primera vez se incluyó de forma explícita la opción de autoidentificación como “tusán” en la cédula censal.
Los resultados oficiales permitirán visibilizar con mayor certeza su impacto demográfico, cultural y social, facilitarán la creación de políticas públicas y servicios con enfoque intercultural, y superarán la invisibilización de procesos anteriores.
Cuatro siglos de intercambios
Es importante recordar que los intercambios entre el Perú y China tienen raíces que se remontan al Galeón de Manila, la histórica conexión marítima que unía Asia con América (1565-1815) y que se convirtió en un sistema comercial global. Partiendo de Manila, en Filipinas, los barcos traían seda, porcelana y especias chinas hacia Acapulco, en México, donde se intercambiaban principalmente por plata de las minas del virreinato del Perú y México. De este modo, se fue gestando un temprano interés por la cultura china. Sin embargo, fue recién en el siglo XIX cuando realmente esta conexión tomó una forma más tangible y humana.

A partir de 1849, miles de trabajadores chinos, principalmente cantoneses, arribaron al Perú para laborar en las haciendas costeñas, la construcción de ferrocarriles y la extracción del guano. Las condiciones de estos primeros inmigrantes fueron sumamente desfavorables, pero con el tiempo se introdujeron leyes que pusieron fin a los abusos y garantizaron la protección de sus derechos. Estos inmigrantes no solo aportaron mano de obra, sino que también introdujeron sabores, técnicas culinarias y costumbres que se fusionaron de manera orgánica, y finalmente se introdujeron como parte de la cultura peruana.
Una década de cooperación estratégica
La última década ha marcado un punto de inflexión en la relación bilateral, transformándola de un vínculo principalmente histórico en uno estratégico. En este contexto, China se ha convertido en el principal socio comercial del Perú, en el marco de la entrada en vigor del tratado de libre comercio en 2010 y su actualización en 2024.
Asimismo, en 2013 ambos países elevaron sus relaciones diplomáticas al nivel de asociación estratégica integral, el más alto grado concedido por China a un país extranjero, lo que ha ayudado a consolidar la amistad y la cooperación en diferentes campos; y en 2019, el Perú suscribió el Memorando de Entendimiento para su adhesión a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, lo que ha reafirmado a China como su principal socio comercial e inversor, impulsando una cooperación económica que abarca desde inversión en minería e infraestructura hasta transferencia tecnológica y financiamiento para proyectos de desarrollo.

Finalmente, en 2022, el Perú se adhirió formalmente como miembro del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, una institución multilateral orientada a financiar proyectos de infraestructura, principalmente en Asia. En ese sentido, el Plan de Acción Conjunta Perú-China 2024-2029 será crucial para consolidar la asociación estratégica integral, con énfasis en áreas como la economía digital, la infraestructura, la minería, la energía limpia y la tecnología. Asimismo, permitirá atraer inversiones clave para el desarrollo sostenible y para la internacionalización de las pymes peruanas.
Un nuevo eje estratégico para la región
En noviembre de 2024, un proyecto transformador se materializó en la costa central peruana: el megapuerto de Chancay. Esta megainfraestructura, desarrollada con inversión y tecnología china, representa un cambio de paradigma en la conectividad entre Sudamérica y Asia. En ese sentido, la frase “de Chancay a Shanghai” se ha vuelta ya famosa, porque simboliza la creación de un nuevo corredor logístico marítimo directo entre Perú y China. La puesta en marcha de este proyecto, gracias a su ubicación estratégica y a sus condiciones geográficas únicas, permitirá afianzar la posición del Perú como hub regional en América del Sur y como punto de conexión para el comercio con Asia, especialmente con China. En particular, esta obra contribuirá al fortalecimiento de la relación bilateral con este país en diversos campos, sobre la base de los acuerdos ya suscritos entre ambos países.

El puerto es también una apuesta que podría convertirse en un motor para reducir la enorme brecha de infraestructura existente en el país y generar nuevas fuentes de trabajo, posicionando al Perú como un actor clave en el desarrollo económico de la región en los próximos años.
Asimismo, contribuirá a un futuro más prometedor en el ámbito económico y logístico, dadas las obras previstas para establecer en el área un clúster tecnológico. Esto permitirá impulsar la exportación del Perú de productos con un mayor valor agregado.
Sin embargo, es de suma importancia la pronta creación y la puesta en marcha de una Zona Económica Especial Privada (ZEEP) en Chancay, la cual fortalecerá el nodo logístico Asia–Pacífico y permitirá integrar el megapuerto de Chancay con el Callao, el nuevo Aeropuerto Jorge Chávez y el futuro Parque Industrial de Ancón, impulsando empleo, industria y competitividad. Esta ZEEP permitirá consolidar un corredor logístico–industrial de alcance continental, articulando ventajas tributarias, aduaneras y regulatorias para atraer inversiones estratégicas y elevar la competitividad del país.
Conexión entre los pueblos
Uno de los aportes significativos de la presencia de los chinos en el Perú es su gastronomía, reflejada en los numerosos restaurantes conocidos como “chifas” que se encuentran en todo el país. Esta cultura “chifa”, que combina la milenaria comida china con ingredientes peruanos y cuyo nombre significa “comer arroz”, es un verdadero pilar de la amistad entre ambos países, al representar la integración cultural, la aceptación y el intercambio culinario. A través de la introducción de insumos clave en la dieta peruana —como kion, sillao y arroz—, se desarrollaron platos icónicos como el arroz chaufa y el tallarín saltado, fortaleciendo de esta manera lazos que aportan calidez y resiliencia a la relación bilateral.

Incremento del intercambio cultural y académico
El intercambio académico y cultural entre el Perú y China ha experimentado un rápido crecimiento en los últimos años. En cuanto al aspecto académico, muchas universidades peruanas han firmado acuerdos de cooperación e intercambio con instituciones académicas chinas para incrementar la movilidad de estudiantes y docentes, así como desarrollar proyectos de investigación conjunta en diferentes campos. Por ello, cada vez más estudiantes peruanos viajan a China para realizar estudios de pregrado, posgrado y perfeccionamiento del idioma chino, ya sea a través de becas del Gobierno chino o de las ofrecidas directamente por las instituciones educativas.
Por otro lado, desde 2009 se han abierto cuatro institutos Confucio en el país, lo que ha permitido a numerosos estudiantes aprender chino mandarín mediante programas dirigidos a niños, jóvenes y adultos, así como participar en actividades que dan a conocer los principales festivales de China y su rica cultura en sus distintos ámbitos. Asimismo, las asociaciones chinas y peruano-chinas (tusán) organizan de forma periódica actividades para conservar las tradiciones y las costumbres de sus ancestros.

Además, ambas naciones han fortalecido la cooperación en arqueología, museología y preservación del patrimonio cultural.
Una amistad con visión de futuro
El Día de la Confraternidad Peruano-China es fundamental para afianzar y profundizar una relación estratégica que se consolide aún más en los próximos años. Más que una celebración, simboliza la eterna amistad y el enriquecimiento mutuo entre dos civilizaciones milenarias, integrando el invaluable legado de la inmigración china en la identidad peruana y proyectando una cooperación constante en el desarrollo, la inversión, el comercio y el intercambio cultural. Esta amistad demuestra que las relaciones internacionales más sólidas son aquellas que se construyen sobre pilares complementarios: historia compartida, intercambio económico mutuamente beneficioso y, sobre todo, respeto y aprecio entre sus pueblos.

En resumen, este día de celebración es un homenaje oficial que subraya la duradera amistad y cooperación entre ambos pueblos, e invita a reflexionar sobre un vínculo que combina memoria viva y proyecto de desarrollo compartido de cara a las próximas décadas.


















