Año del Caballo 2026: Comunidad China en Perú y el balance de un año histórico
La noche del 11 de febrero de 2026, el restaurante El Jade, en San Borja, se transformó en un espacio de reencuentro y celebración para la comunidad china en el Perú. No se trató solo de una cena protocolar, sino de una asamblea de familias, empresarios y figuras distinguidas que se dieron cita a las 8:00 p. m. para recibir el Año del Caballo, símbolo de nobleza y esfuerzo constante.
Desde el ingreso, el protocolo de la fortuna marcaba el inicio de la experiencia: cada asistente presentaba su entrada para desglosar el ticket del sorteo, depositándolo de inmediato en una tómbola giratoria que prometía premios y prosperidad. Una vez cumplido este rito de fe en el azar, los invitados pasaban a sus mesas, donde el aroma del té de jazmín y el brindis con vino sellaban los primeros reencuentros de la noche.

El rugido que abre los caminos A las 8:30 p. m., el estruendo de los tambores rompió la calma para dar paso a la Danza de los Dragones. El espectáculo serpenteó entre las mesas, una tradición necesaria para «limpiar» el espacio y atraer las bendiciones del cielo. Bajo la conducción de dos animadores que mantuvieron la energía en alto, la noche transitó hacia su núcleo institucional.

Adolfo Chan, directivo de la Sociedad de Beneficencia China, ofreció un discurso que equilibró la seriedad de los anuncios con notas de humor que conectaron con el público. Chan resaltó un hito administrativo: la adquisición de una nueva propiedad para la Beneficencia, un activo que fortalecerá los programas de asistencia y refugio de la colonia.
Con una anécdota cargada de afecto, recordó un almuerzo previo dedicado a los ancianos, donde se entregó el tradicional Hongbao (sobre rojo). Esta mención sirvió para recordar que el éxito material solo es sólido si se honra la sabiduría de quienes nos precedieron.
Asimismo, Chan destacó la excelente relación con la delegación diplomática actual, subrayando la labor del nuevo Ministro Consejero de la Embajada de la República Popular China, el Sr. Yi Yuanqing, cuya notable fluidez en español se ha convertido en una herramienta clave para eliminar barreras burocráticas. Recordó con gratitud cómo gestiones anteriores, como las del exembajador Jia Guide, sentaron las bases para la exención de visas, un alivio que hoy permite a los empresarios peruanos y chinos operar con una agilidad sin precedentes.
Tras un año de la inauguración del Puerto de Chancay, informó que la megaobra ha movilizado 350 mil contenedores, inyectando más de 200 millones de dólares al erario peruano. Esta gestión no solo representa un éxito logístico, sino la consolidación de la ruta «De Chancay a Shanghái» como el eje del comercio transpacífico.

Con el inicio del servicio de la cena, el escenario se convirtió en un mosaico cultural. Para dinamizar la velada, el sorteo fue el hilo conductor: entre cada acto artístico, la tómbola giraba nuevamente. Uno de los momentos más conmovedores fue la intervención del Sr. Zeng Mingtong, asesor principal de la Sociedad de Beneficencia. Con una trayectoria impecable como consultor en temas de integración y derecho comunitario, el Sr. Zeng demostró que el arte es el lenguaje del alma; su interpretación vocal fue un puente sonoro entre la China ancestral y el Perú contemporáneo.
La mística se profundizó con la aparición del Dios de la Riqueza (Cai Shen), figura central en el imaginario chino que no solo representa el dinero, sino la abundancia de salud y armonía familiar. Su presencia en la cena simboliza la apertura de los «portales de la fortuna» para los negocios de la comunidad en este nuevo año.



La belleza visual continuó con la Danza Dai. Originaria de la etnia Dai en Yunnan, esta danza (caracterizada por la imitación de los movimientos del pavo real) representa la elegancia, la paz y la regeneración. Para la comunidad, es un recordatorio de la diversidad cultural de su patria y de la necesidad de fluir con gracia ante los desafíos. Sin embargo, el asombro colectivo llegó con la demostración de artes marciales. Un grupo de jóvenes, bajo la guía experta de su maestro, exhibió una disciplina y fuerza que simbolizan la vitalidad y el carácter de la nueva generación de chinos en el país.
Al retirarnos a las 11:00 p. m., la cena continuaba en un eco de risas y camaradería. Más allá de la celebración, el evento deja una reflexión clara sobre la naturaleza de la comunidad chino-peruana en el siglo XXI. La integración de esta colonia no se basa en la asimilación que borra el origen, sino en la coexistencia de dos visiones: la eficiencia pragmática del desarrollo económico y la perseverancia de una ética milenaria.

La noche en El Jade demostró que la comunidad no vive en una burbuja de nostalgia, sino en un proceso activo de construcción nacional. En este Año del Caballo, la lección es directa: la identidad es una herramienta de progreso, por ello se resalta la unión comunitaria como el único recurso que permite navegar las crisis globales con la estabilidad de quien sabe exactamente de dónde viene y hacia dónde se dirige.





















