Lo que realmente nos agota no es el mundo en sí

 Lo que realmente nos agota no es el mundo en sí

Cada lunes realizo en línea una transmisión en vivo sobre temas de salud. El tema de este lunes fue cómo alcanzar la paz interior. Durante la transmisión, un espectador me preguntó: “¿cómo podemos conciliar nuestras aspiraciones materiales, que nos agota mental y físicamente, con nuestras necesidades espirituales? ” La pregunta parece sencilla, pero en realidad no es fácil de responder.

Vivimos en una era de cambios acelerados. La tecnología transforma el mundo en el que vivimos a una velocidad sin precedentes. Cada mañana, desde la pasta dental, el limpiador facial y los cosméticos que usamos, hasta la ropa, los zapatos y el transporte necesarios para ir al trabajo, no hay prácticamente ningún aspecto de la vida que pueda separarse del dinero.

Frente a un mundo dominado por el consumo, a una persona común le resulta difícil decir sin carga alguna que puede “no inclinarse por algunos sencillos”. Y quienes son llamados jefes o empresarios tampoco viven con facilidad. Aunque puedan ser austeros consigo mismos, deben afrontar los gastos de la empresa y la presión de los salarios de sus empleados.

Parecemos empujados hacia adelante por unas manos invisibles. Si nos relajamos un poco, tememos ser arrastrados por la corriente de la época. A muchos les resulta difícil vivir según la forma en que realmente desearían. A veces, simplemente vivir ya no es algo fácil, y mucho menos hablar de grandes ideales.

Las tramas exageradas del cine y las series de telenovelas, junto con lujos que superan la imaginación de la mayoría, generan en muchas personas una ilusión: sentir que su propia vida no es lo suficientemente perfecta, e incluso pensar que haber llegado a este mundo es, de algún modo, un error.

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Por un lado, debemos enfrentar trabajo, dinero, éxito y responsabilidad; por otro, inevitablemente nos preguntamos por el sentido de la vida, el amor y ser amados, así como por algún tipo de despertar interior. 

Así, cada día nos consumimos en un conflicto del que no podemos escapar, pero pocas personas se detienen a pensar que quizá el conflicto no está en la realidad misma, sino en la manera en que la miramos.

Hay muchas cosas en este mundo que los seres humanos difícilmente pueden cambiar: el nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte. Pero también hay otras que sí podemos elegir: la alegría, la ira, la tristeza y el gozo. Volviendo entonces a la pregunta inicial: ¿cómo encontrar equilibrio entre la búsqueda material y la tranquilidad interior? Tal vez el primer paso sea eliminar la ignorancia fundamental.

La ignorancia no es simple falta de conocimiento, sino vivir dentro de la realidad sin ver con claridad lo que, en esencia, ya está frente a nosotros. Por ejemplo, sabemos que solo trabajando hay salario, y que con salario podemos sobrevivir; entonces, ¿por qué muchas veces tratamos nuestro trabajo con resentimiento? O bien, cuando encontramos un atasco de tráfico, sabemos que no podemos cambiarlo, ¿por qué aun así nos llenamos de ansiedad y enojo?

Solo tenemos una sola vida. No deberíamos gastar nuestro tiempo limitado en cosas que en realidad no podemos cambiar. Algunas personas, al ver noticias sobre la guerra en Ucrania o la situación en Medio Oriente, pierden el sueño durante días, como si la inestabilidad del mundo afectara directamente su vida cotidiana. Pero en realidad, para la mayoría de la gente común, por grande que sea un acontecimiento mundial, no transformará de inmediato nuestra vida diaria. Hay que recordar: aunque el cielo se derrumbe, primero caerá sobre quienes están más altos. No hay nada que merezca una ansiedad excesiva.

La verdadera comprensión del Zen no consiste en escapar de la realidad, sino en considerar la propia vida como un proceso continuo de cultivo, sintiendo en cada instante la experiencia viva de existir. Los lujos de alto consumo no son algo que todos necesiten poseer.

Quien tiene sabiduría suele distinguir entre el verdadero disfrute y el llamado “impuesto a la ingenuidad” disfrazado de consumo. Tener la capacidad de poseer más no es un error; no tenerla y aprender a disfrutar de una vida sencilla también es una forma de serenidad.

La vida es como un par de zapatos. Por muy hermosa que sea su apariencia, lo verdaderamente importante siempre es la comodidad y que se ajuste al pie. Aprender a cambiar lo que podemos cambiar, y aceptar aquello que no podemos cambiar, significa que, muy independiente de la riqueza o la pobreza, todavía podemos vivir esta vida con estabilidad y tranquilidad.

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Chengzun Pan

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