Tristeza peruana: La paradoja de ser infelices pero registrar menos suicidios

 Tristeza peruana: La paradoja de ser infelices pero registrar menos suicidios

El Perú atraviesa una profunda crisis de bienestar emocional. Según el Índice de Felicidad de Ipsos 2026, una encuesta global realizada en 30 países, el Perú se posiciona como el país más infeliz de Sudamérica y uno de los más infelices del mundo. Únicamente el 65% de los peruanos se considera “muy feliz o feliz”, una cifra considerablemente menor en comparación con sus vecinos regionales: México lidera con 92%, seguido por Brasil (79%), Colombia (77%), y tanto Chile como Argentina (73%).

La Carga Económica y Mental

El porcentaje de peruanos felices está por debajo del promedio global (71%), ubicando al país en la posición 25 de las 30 economías evaluadas. Una curiosa paradoja resalta en el estudio: el Perú destaca en el sexto lugar entre los países cuya población espera que su calidad de vida sea mucho mejor en cinco años, con un 73% de optimismo. Es decir, los peruanos están profundamente insatisfechos con su presente, pero mantienen una esperanza inquebrantable en el futuro.

Lucía Wiener, directora de Proyectos de Ipsos Perú, explicó que factores personales como sentirse valorados (42%) y la relación familiar (39%) influyen positivamente. En contraste, la actual situación financiera personal (60%), la salud mental (32%) y la situación económica del país (25%) socavan la felicidad. “La situación económica del país es prioritaria porque influye en la situación laboral. Incluso personas con mayores ingresos señalan que su principal factor de infelicidad es su situación financiera”, detalló Wiener. La especialista concluyó que la felicidad experimentó una caída durante la pandemia y actualmente presenta una tendencia descendente debido a la compleja coyuntura política y social que atraviesa el Perú.

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La Paradoja Clínica: Tristes pero sin Suicidios (¿o sin Registros?)

Esta profunda infelicidad reportada por Ipsos entra en contradicción directa con otro indicador de salud mental: la tasa de suicidios. Históricamente, y según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Perú registra una de las tasas de suicidio más bajas de las Américas, a menudo por debajo de países que reportan mayores índices de felicidad. ¿Cómo es posible que el país más infeliz de la región tenga menos muertes autoinfligidas?

La respuesta, según múltiples estudios académicos y clínicos peruanos, no reside en una “resiliencia superior”, sino en un grave problema de subregistro. Investigaciones de instituciones como la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH) han evidenciado fallas sistémicas en el Sistema Nacional de Defunciones (Sinadef). Muchos casos que clínicamente corresponden a suicidios son registrados bajo categorías ambiguas como “muerte por causa externa no determinada”, “accidente de tránsito” (atropellos sospechosos) o “envenenamiento accidental”, debido a la falta de personal forense especializado en autopsias psicológicas y al estigma social y religioso que rodea al acto.

Además, existe una barrera de acceso al diagnóstico clínico. Si el 32% de peruanos señala que la salud mental socava su felicidad, la gran mayoría no cuenta con atención médica para diagnosticar cuadros de depresión severa o ideación suicida. Al no haber un diagnóstico previo ni un seguimiento clínico, la muerte difícilmente se categoriza como suicidio en el registro final. Por lo tanto, la “baja tasa de suicidios” en el Perú podría ser, en realidad, un reflejo de la incapacidad del Estado para registrar la verdadera magnitud de la crisis de salud mental que la encuesta de Ipsos ha puesto en evidencia.

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Jose Callo

Jose Callo

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