Crisis en Medio Oriente desploma mercados asiáticos: Seúl suspende operaciones y crudo supera los 85 dólares

Los mercados financieros globales han reaccionado con pánico ante la reciente escalada de tensiones militares en el Medio Oriente, exacerbada por la inestabilidad en el transporte marítimo a través del Estrecho de Ormuz. Este corredor energético, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo y gas natural licuado del comercio mundial, se ha convertido en el epicentro de una crisis que ha disparado los precios de la energía y sembrado el caos en las principales plazas bursátiles asiáticas.
El impacto más severo se registró en Corea del Sur, donde el índice KOSPI se desplomó un 8.10% en las primeras horas de negociación. La magnitud de esta caída obligó a las autoridades bursátiles a decretar la suspensión inmediata de las operaciones para evitar un colapso mayor. La vulnerabilidad de Seúl responde a su posición como el octavo mayor consumidor de petróleo del mundo, con una dependencia crítica del suministro proveniente de la región en conflicto.
El comportamiento del mercado energético refleja la urgencia de la situación: el Brent del Mar del Norte alcanzó los 82.30 dólares por barril tras haber superado brevemente la marca de los 85 dólares —su nivel más alto desde julio de 2024—, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) se situó en 75.16 dólares. Pese a que el anuncio del presidente Donald Trump, quien aseguró que la Armada estadounidense escoltará petroleros para garantizar el flujo energético, logró reducir momentáneamente la presión, los analistas mantienen una postura cautelosa.

El nerviosismo se extendió por todo el continente: Tokio (Nikkei -3.88%), Taipéi (-3.10%) y Hong Kong (-1.61%) cerraron con pérdidas significativas, reflejando el contagio desde Wall Street y el temor a que la crisis energética alimente la inflación global. Ante este panorama, los inversores han migrado hacia activos refugio, impulsando el precio del oro a 5,169 dólares la onza (+1.6%). La volatilidad persiste, ya que los expertos temen que una inflación persistente obligue a la Reserva Federal a reconsiderar cualquier recorte de tasas de interés, fortaleciendo el dólar y debilitando las expectativas de recuperación económica global a corto plazo.


















