Murió Béla Tarr, maestro del cine europeo contemporáneo
La muerte del cineasta húngaro Béla Tarr marca el cierre de una de las trayectorias más influyentes y radicales del cine europeo contemporáneo. El director falleció a los 70 años, según confirmó el realizador Bence Fliegauf en representación de su familia.
Tarr fue una figura esencial del cine de autor. Su obra, profundamente reflexiva y exigente, se caracterizó por el uso del blanco y negro, los planos secuencia extensos y un ritmo deliberadamente pausado, concebido no como provocación, sino como una forma ética de mirar la realidad.

A lo largo de su carrera colaboró estrechamente con el escritor húngaro László Krasznahorkai, Premio Nobel de Literatura 2025. De ese diálogo creativo surgieron títulos fundamentales como Sátántangó (1994), considerada su obra mayor, y Armonías de Werkmeister (2000), adaptación de La melancolía de la resistencia.
En estas películas, Béla Tarr construyó un universo marcado por la desesperanza, la repetición y la degradación moral, donde el tiempo se dilata y los personajes parecen atrapados en ciclos inevitables. Su cine no buscaba consuelo ni redención fácil, sino confrontar al espectador con la fragilidad de la existencia humana.
Estéticamente, su obra ha sido comparada con la de Andréi Tarkovski y Michelangelo Antonioni. Sin embargo, Tarr desarrolló un lenguaje propio: una cámara paciente, casi inmóvil, que observa sin juzgar y permite que el drama emerja desde lo cotidiano. Para él, el cine no debía entretener, sino revelar.
Ganó reconocimientos como el Oso de Plata en el Festival de Berlín por El caballo de Turín (2011) y el Premio a la Trayectoria Profesional del Festival Internacional de Cine de Tokio (2024). Tras esa película anunció su retiro de la dirección, aunque continuó vinculado a proyectos teatrales y formativos.

Su paso por Perú dejó una anécdota singular. En 2018 fue visto en Polvos Azules, uno de los centros comerciales más populares de Lima, posando junto a un puesto de venta informal donde se ofrecía gran parte de su filmografía. El gesto, lejos de la ironía, reflejó su cercanía con el público y su rechazo a las jerarquías culturales.
Con su muerte, el cine pierde a un autor que defendió la honestidad estética frente a la industria, y que entendió la imagen como un acto de resistencia. Su legado permanece como una invitación a mirar el mundo con paciencia, rigor y humanidad.


















